domingo 08 de diciembre de 2019 - Edición Nº1354
Primer Argentino » ARGENTINA » 1 dic 2019

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Aníbal Pachano y la historia desconocida de su vida antes de la fama: “No me quedé en esa cápsula del pobre”

Por primera vez detalla su intensa biografía, desde Tostado, Santa Fe, hasta Buenos Aires. La extravagante historia de sus padres, su título de arquitecto, el boom de la TV. “No me gusta el plastic show”.


TAGS: PACHANO, HISTORIA

Para explicar a Aníbal Pachano hay que explicar a una generación anterior. Un odontólogo llegando a Añatuya con un descapotable, un flechazo en una fiesta, una huida en tren: el muchacho que no era bien recibido por la familia de la muchacha, deja bien atrás su descapotable, sus dos matrimonios y sus seis hijos y llega junto a su nuevo amor a Tostado, Santa Fe. Pasa del arte de taladrar dientes con un torno a pedal a un cargo de Jefe de Policía. Nacen sus nuevos dos hijos -uno de ellos, Aníbal- y, años después, traslada al clan a Carlos Paz y más tarde a Buenos Aires. En Las Cañitas, en un conventillo, el heredero más chaplinesco dibuja y dibuja. Se convertirá en arquitecto, promedio 9. Querrá construir, edificar, levantar algo más que paredes.

   

"Yo quiero hijos de ojos celestes", decía la mamá de Aníbal. "Ni por la izquierda, ni por la derecha, siempre por el centro", repetía el papá. Aníbal reproduce las escenas, mueve el semi-bigote, hace mutis por el foro. Está intentando entenderlos. Y entenderse.

 

"Mi hermana, dos años más grande, y yo, éramos Nu y Eve. Nos vestían en composé, nos bañaban tres veces al día. Nos pulían. Nos sentaban a la vereda como a muñecos limpios. Dibujar, dormir la siesta, volver a bañarse. No podíamos ensuciarnos más de la cuenta. De esa historia nace este niño limpio, ordenado, esteta, justiciero". No hay galera, no hay delineador, no hay juicio, ni pancarta de puntaje. Estamos en el Abasto, en un departamento en el que avisan que en breve cortarán la luz. Vicisitudes de la vida "de civil". El hombre no se preocupa. Sólo quiere explicar algo que en los tiempos fragmentados de la televisión nunca puede: la complejidad de dónde salió.

(Foto: Martín Bonetto).

(Foto: Martín Bonetto).

"A mí me tira el barrio. No me gusta Puerto Madero, ni un country. Son lugares despersonalizados, donde no podés tener la vivencia de la calle. No me gusta el plastic show. El show es para el afuera. Laburo desde los 12. Becas, generarme dos laburos. Por eso critico siempre el 'yo no puedo'. Estamos en la etapa de los chicos plan. Se estancan en un pensamiento de no crecer. Yo no me quedé en esa cápsula del pobre. Siempre tenía que salir del pantano. Y lo hacía". 

-¿Qué pantano? ¿Cuándo fue la primera vez que sentiste eso?

-A los 7. Mamá nos sentó y nos dijo: "Hasta acá llegamos. Hay que irse a otro lugar, a buscar otro horizonte". Y nos vinimos a Buenos Aires con una mano atrás y otra adelante.

-Mucha pulcritud y muchas reglas. De chico no tenías libertad...

-La libertad coartada, sí. Yo era inquieto y llorón y mamá me obligaba a no llorar. Una vez me puse a llorar detrás de una reja y le dije a mamá, mirándola fijo: "Nunca más de digas que no llore". Llorar era mi liberación. Por eso hoy soy llorón. Tuve un mundo interno muy fuerte. Yo no jugaba a la pelota. Dibujaba. Mirá, esto lo dibujé a los siete y lo conservo (muestra un cuadro, a plumín). Una puerta abierta, una escalera. Representaba la libertad de salir, entrar, subir, bajar.

Aníbal Pachano y Sofía Pachano (Instagram).

Aníbal Pachano y Sofía Pachano (Instagram).

-Antes de llegar a Buenos Aires se mudaron a Carlos Paz. ¿Te acordás de esa mudanza?

-Sí. Caótica. Papá había comprado un restaurante en la calle Libertad. Con mi primer trabajo, mozo, ganaba fortunas de propina. De Carlos Paz a Buenos Aires fue más traumático. Llegamos con las valijas a cuestas y un televisor. Yo miraba Sábados circulares, a Biondi, a Marrone. Le escribí a una carta a Tita Merello que jamás me respondió. Apenas llegué a la ciudad me inscribí en el secundario. El papá de un amigo era director de Canal 13 y en una visita conozco a Doña Petrona, entro a Alta tensión. Después, me anoto en Ingeniería industrial. Duré dos meses.

-¿Y cómo decidís ser arquitecto?

-Entro a una empresa ganadera, me contacto con un jugador de rugby y él me lleva al Centro en un taxi. Me pregunta sobre la carrera, charlamos, y me dice: "¿Y por qué no te cambiás a arquitectura?". Me inscribí en Ciudad Universitaria, me recibí con un diez en la última materia. Viajé a los Estados Unidos por primera vez y traje la cabeza ancha de ideas de espectáculos.

-¿Y hubo un momento bisagra en que saltás de la arquitectura al espectáculo, o fue paulatino?

-Yo trabajaba con muchos estudios de arquitectura. En las fiestas siempre era el que abría las pistas de baile, totalmente desinhibido. Un día veo, yo desde la platea, a Ana (Sanz). Actuaba en el circo de Alberto Agüero. Fue una historia de amor parecida a la de mis padres. Flechazo. Nunca me había enamorado así. Y creo que nunca me enamoré así de vuelta. Al mes vivíamos juntos, al año estábamos casados. Nació Sofía. Y nació botton tap, una creación única en la Argentina. Levantamos ese grupo como quien levanta un edificio. Un día voy a terapia y le consulto al terapeuta sobre mi necesidad de ser artista. "¿Por qué necesito esta locura", le pregunté.

-¿Y te respondió o dejó que vos descubrieras la respuesta?

-Me dijo: "Vaya y haga. Usted traspase esa pata y haga sin pensar. Descúbrase". Y me di un permiso. Yo había empezado a estudiar tap. Hago la muestra, bailo por primera vez en el Coliseo. El tap me liberaba. A los seis meses de estar conviviendo con Ana, nace la propuesta de trabajar con María Marta Serra Lima en Michelangelo. Y arranca un largo camino. En 1996 los Botton Tap nos separamos. La tele llega recién en 2009.

Hace diez años saltó a la fama. Desde entonces, Aníbal Pachano es fija en "ShowMatch".

Hace diez años saltó a la fama. Desde entonces, Aníbal Pachano es fija en "ShowMatch".

-¿La tele al principio te mareó, te confundió, sacó alguna oscuridad que no esperabas?

-Confundir no. Exploté en realidad todo lo que fui toda la vida. Me provocó un shock porque tuve esa pelea mediática horrible (con Graciela Alfano, donde se habló de HIV de Pachano). La popularidad me trajo un cariño indescriptible, pero también afectó mi salud, puse en el cuerpo emociones que me enfermaron. Yo digo que las enfermedades que he tenido son shocks emocionales. Primero HIV, después el cáncer... Pero siempre tengo la posibilidad de la resiliencia. Y no me culpo. Por ahí me enojo con el afuera, o demuestro en el afuero el enojo interno. Pero hoy lo hago al revés.

-¿Cómo sería al revés?

-Pongo el enojo en el personaje. Y no en la persona. Ese enojón dispara lo que piensa sin que eso ya me afecte. Si no te gusta escuchar lo que me pasa, podés hacerte cargo o no. Pero yo descargo, elimino.

De Tostado, Santa Fe, al mundo. (Foto: Martín Bonetto).

De Tostado, Santa Fe, al mundo. (Foto: Martín Bonetto).

-¿Cómo está tu salud hoy?

-Tengo los tumores muy controlados. Stand By. Tengo que seguir con el tratamiento dos años más. Yo bromeo con que no quiero que me pongan tanto Vietnam adentro. Yo traspaso las enfermedades al humor. Yo pienso cómo solucionar, lloro, me río, pero no hablo todo el día de que estoy enfermo. Estoy en proceso de sanación. Ya saqué lo nocivo de mi vida. Estoy en etapa de remisión, reversión. De crecer el estadio. El día del orgullo gay, mi hija me posteó algo muy fuerte sobre la libertad. Y me emocioné. Yo fui un antes y un después, Soy muy familiero, un gran papá. Y siempre ejercí la libertad.

-¿Qué imaginás que van a decir de Pachano cuando ya no esté?

-Soy el payaso más lindo que pude generar para alegría de la gente. Soy absolutamente estético, hoy por hoy creo que soy la figura más estética de la televisión y estoy orgulloso de decirlo. No es egocentrismo, eso es realidad. Soy uno de los personajes con más producción. Nadie va a poder decir en este mundo que no he sido un gran amigo y un gran artista que transformó el mundo del espectáculo. No me interesa que los Youtubers sean mi referencia.

-¿Por qué?

-No me aportan nada creativamente. No me causa gracia lo que hacen. No me parece que sean parte de un mundo artístico interesante como el que yo viví de Niní Marshall. El aparatito es muy lindo, pero ¿qué dejan? Yo dejo un acto creativo.

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